El viento, la inspiración. Las ilusiones. Las velas, el amor que las construyó. El empuje de los que se suben a bordo levándolas con los sueños. Siempre habrá que jugar con el tiempo. Las nubes que aparecen a veces como coristas de un sol espléndido. Las estrellas que iluminan la ruta y los fulgores intermitentes que se caen del cielo cuando la noche es amiga de los navegantes. Pero lo mismo que mueve el barco, a veces lo destruye. Con el temporal. Los nubarrones estrambóticos de la tormenta hacen que se quede gente atrás. Víveres. Tesoros. Y las noches se vuelven las tinieblas de las pesadillas. La caótica angustia de creer que las vigilias de terror no terminarán.
Sin embargo, siempre nos quedará el barco después de la tormenta. U otro, si eventualmente es un naufragio. Y siempre quedarán el viento y el mar. Con los climas y sus tormentas. Pero no se repetirán tripulaciones. La carga de lo que se fue en el fondo de las aguas no se recuperará nunca. Aquellos que temen volver a estar en la misma cubierta, no zarparán de nuevo. Otros preferirán otro barco. Igual, siempre habrá voluntarios para volver al muelle y emprender otro viaje. Eso sí, cada vez más pocos. Previendo lo impensable, sorprendiéndose incluso en las mismas rutas que ya se tomaron. Donde antes decían que había sirenas, están ahora las algas. Enredando las aguas. Coloreando el mar.
Y en cada viaje tendrás menos. Solo, quizás, ya dije, tendrás el barco. Reconstruido o maltrecho. O más pequeño. Nunca con el que zarpaste cuando intrépido quisiste dejar el navío que te condujo primero por los parajes de este mundo. Habrá óxido en los clavos. Hongos en el mástil. Polillas en la velas. Tu viaje cada vez será menos atractivo. Llegará el momento en el que no tendrás a tu capitán ni a tu contramaestre. Tus oficiales habrán quedado en las aguas o en la memoria. Otros de tus marinos, te habrán olvidado ya. Valdrá la pena solo para los que se suban nuevos. Para los que te nombrarán su almirante sin que se los pidas. Eres un marinero viejo y el éxito en el último tramo de tu viaje, en las últimas excursiones que emprendas por la vida, será hacer que para los otros sí valga la pena.
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